Ciudad de Buenos Aires: no es todo oro lo que reluce - El Portal de Salta

Ciudad de Buenos Aires: no es todo oro lo que reluce

(Foto: Franco Fafasuli)
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se esmera por mostrar las grandes obras realizadas: soterramientos (para eliminar barreras de ferrocarril), elevación del tren Mitre para mejorar el tránsito, el cuidado de los parques, las sendas para los que se trasladan en bicicleta, la avenida del Bajo, la expansión del sur y otras más. Sin embargo, las acciones oficiales tienen flancos débiles que como no se ven, no se notan.
Así, uno de cada siete porteños no accede al agua potable. Cerca de 400 mil personas la consumen en mal estado, lo que puede generar problemas serios de salud. A fines de enero pasado, la Cátedra Libre de Ingeniería Comunitaria (CLIC) de la Facultad de Ingeniería de la Ciudad de Buenos Aires presentó un informe técnico sobre la calidad del agua en la Villa 21-14 de Barracas, donde los vecinos denunciaron que el agua no es potable. Se advirtió a comienzos de este año “un fuerte olor cloacal en el agua corriente de numerosas manzanas”. El agua estaba contaminada por el rebalse de las cloacas.
AYSA S.A. es la responsable de proveer un servicio de calidad pero no lo hace porque se ampara en un marco regulatorio que establece la obligación de la empresa de llevar su distribución de agua solo hasta la periferia de la Ciudad. Deja la norma asentamientos y villas afuera. Si bien esto es advertible en Buenos Aires, los expertos señalan que el problema se repite en el resto del país en los sectores más vulnerables, social y económicamente hablando.
En la Argentina, según los organismos de control y sus centros de difusión, el 15% de la población no tiene manera de acceder al agua potable y al saneamiento cloacal. Es un desastre que se arrastra desde hace 80 años, por lo menos.
¿Es un problema del Estado, o de la Ciudad de Buenos Aires definitivamente, o de la empresa responsable de los servicios? Sometida a presión, AYSA acercó agua en sachets los primeros días y luego en camiones cisterna, pero el problema se agravó. El olor fecal se extendió a otros sectores. Tampoco se resolvieron las cloacas rebalsadas.
Luego de la publicación de la cátedra universitaria, comenzaron a intervenir distintos entes públicos: la Subsecretaría de Hábitat e Inclusión (SSHI), la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR). Y AYSA, que venía acumulando errores de gestión y que ha sido acusada, entre otras cuestiones, de irregularidades en la contratación de obras hidráulicas en el saneamiento de la Cuenca Matanza-Riachuelo.
En otro nivel, tampoco se ha encontrado alguna solución al estado de los hospitales públicos. Desde la Asociación de Profesionales de los Servicios Sociales porteños se afirma que están en crisis desde hace muchos años. Hay centros de salud con camas en mal estado, otros sin disponibilidad y habitaciones anuladas por falta de condiciones, y no hay suficientes consultorios para que puedan atender los profesionales.
Las condiciones laborales en los hospitales de la Ciudad tienden a profundizar la precarización del trabajo, con todos los peligros que aparecen por la presencia de enfermedades. La exigencia política no es exagerada: se trata de defender la salud pública integral, universal y de calidad para toda la población y sin exclusiones. La asociación pide el acceso real a la salud, el servicio de ambulancias en los barrios y las villas, el ingreso a las guardias para todos y la atención de todo tipo de enfermedades, tanto crónicas como agudas.
Margarita Barrientos, la activista fundadora del comedor social Los Piletones, en 1996, cerca de Villa Soldati, ha declarado en estos días que la concurrencia ha aumentado un 200% desde fines de 2015, el momento en el que asumió la presidencia Mauricio Macri. Hace tres años recibía a 1500 personas para alimentar, en estas horas alberga a 2800. Margarita ha declarado: “No quiero seguir abriendo comedores, quiero que la gente tenga trabajo, que se ganen el pan con trabajo, con dignidad, pero la situación está muy difícil”.
La Auditoría General de la Ciudad de Buenos Aires (AGCBA) considera que los paradores y los centros de día que pertenecen al Gobierno porteño no funcionan como debieran por la falta de recursos humanos, especialmente profesionales, y por problemas de infraestructura edilicia. Según cifras oficiales, en 2016 hubo 866 personas de situación de calle en la Ciudad, pero en 2018 alcanzó a 1091.
En paradores y centros de inclusión social dejaron sus puestos los coordinadores, las psicólogas y las asistentes sociales. En lo que tiene que ver con la infraestructura edilicia, las auditorías comprobaron irregularidades relacionadas con el mantenimiento, la calefacción y la protección. En el Parador Retiro observaron vidrios, espejos y cerámicas rotas en el sector de enfermería y en los baños. A la hora de recorrer la cocina “se vieron cucarachas en las mesadas de acero inoxidable”. En el Centro Costanera se constató la pérdida importante de agua en los inodoros y en las duchas, y está roto el sistema de extracción de humos, olores y ventilación de la cocina.
El Gobierno de la Ciudad tiene una flota automotriz de 2617 vehículos, de la que se tomaron muestra en 93. El 12% no tenía el original del título y un 7% no contaba con las cédulas verdes originales. Como se sabe, los autos oficiales están exentos del pago de las patentes. Pero se ha sabido que el 17% de los rodados no cuenta con dicha exención. Esto genera un incremento en el rubro créditos que está incluido en los recursos de la Ciudad. El monto asciende a 340 mil pesos.
La auditoría determinó que 17 reparticiones no cumplen con la obligación de la verificación técnica vehicular (VTB). Veintitrés vehículos corresponden a distintas áreas del Gobierno, entre las que se encuentra la Dirección General de Cuerpo de Agentes de Tránsito. Hay 41 autos con multas por infracciones por un monto total de 738 mil pesos. Los funcionarios con vehículos asignados no se hacen cargo de las faltas de tránsito, que incluyen algunas graves. Finalmente hay 123 personas para gestionar una flota de 2600 autos. Tampoco hay control indispensable sobre la cantidad de nafta que se utiliza.
También crece la polémica sobre las sendas para bicicletas (muchas veces usadas por las motos), siguiendo el criterio de los que gobiernan la Ciudad de eliminar el uso del automóvil a cualquier costo. En los últimos años han desaparecido por el anterior auge de la construcción de viviendas más de 4500 garajes. No hay dónde estacionar. Las sendas impiden el movimiento de los autos, que ven estrechadas sus posibilidades de desplazamiento y detención. El Gobierno no ha previsto que la realidad empeora las condiciones de los millones de rodados que circulan. No ha encontrado espacios para construir estacionamientos debajo de las plazas o en terrenos no utilizables.
Como se ve, no todo es oro lo que reluce en la capital de la República.
El autor es periodista, escritor y licenciado en Historia.

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Fuente: ARGENTINA | https://www.infobae.com
Ciudad de Buenos Aires: no es todo oro lo que reluce

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