Dos rutas destruidas y dos historias de corrupción y progreso

Dos historias. Dos caminos. La nota que aquí se presenta plantea divergencias y coincidencias sobre realidades distintas que tienen lugar en dos importantes sectores de la geografía provincial, tanto por su demografía y relevancia política, como por su capacidad de producción y desarrollo. En ambas, subyace el problema de las rutas en mal estado. Pero en sentido contrapuesto, una tiene como estandarte el uso y aprovechamiento productivo, mientras que la otra sigue siendo uno de los emblemas de la corrupción más desvergonzada, enquistada en el Gobierno.

Como punto de coincidencia, ambas están prácticamente destruidas, pero es bueno recordar la historia reciente de cada una de ellas como un aporte para avanzar con la integración, la conectividad y el aprovechamiento del territorio.

Se trata de las rutas nacional 50 y provincial 5. La primera va desde Pichanal, en la intersección con la ruta nacional 34, hasta el límite con Bolivia, en Aguas Blancas, en un recorrido de unos 70 kilómetros, conocidos como "la ruta de la muerte" por la innumerable cantidad de accidentes fatales ocurridos en esa transecta.

Los 20 primeros kilómetros que conectan Pichanal con Orán en autopista fueron inaugurados, después de varios años de sospechosas demoras y redeterminaciones de precios, en abril de 2018. Hoy, tres años después, esos pocos kilómetros se han convertido en una trampa mortal para los inadvertidos que circulan por el lugar y que confían en la seguridad que supuestamente una autopista debe brindar a los conductores. Inexplicablemente, solo por poner un adverbio de modo, la cinta asfáltica se encuentra dañada de un lado y del otro de la vía de cuatro carriles y, en algunos casos, los daños alcanzan a cubrir todo el ancho de la carretera en el sentido Pichanal-Orán y viceversa. Por esto se hace prácticamente imposible esquivar los enormes baches que quedan como peligrosísimos obstáculos que sorprenden a los conductores a lo largo de esos escasos 20 kilómetros.

Los conos en lo que debería ser el acceso a Yrigoyen están colocados desde la inauguración en 2018.
 

La obra licitada en el año 2007 y terminada más de una década después pasó por sospechosos procesos de adjudicaciones, readjudicaciones, paralizaciones y redeterminaciones de precios que llevaron su costo final a más de 900 millones de pesos, cuando inicialmente se habían presupuestado por unos 130 millones de pesos. Hoy, apenas tres años después de su inauguración, esa obra está prácticamente destruida, mientras aparecen los pedidos de informes y cartas documento desde la Legislatura provincial por el deplorable estado de una obra que tendría que estar en perfectas condiciones.

Otro problema que se advierte en la autopista Pichanal-Orán es que aún faltan obras de relevancia, como por ejemplo la rotonda de acceso a Yrigoyen que aún permanece con los conos de reducción de velocidad, que obligan a los conductores a circular por la banquina y retomar la ruta unos metros más adelante. En esa misma zona una construcción anexa, denominada intercambiador, quedó como una postal del abandono, con un puente elevado a medio terminar porque supuestamente no hubo acuerdo con los vecinos para su ubicación para un acceso alternativo y el tema pasó a manos de la Justicia. Como fuere y en conclusión, la sobrevaluada obra de la ruta nacional 50 no solo nunca se terminó, sino que también se encuentra en un estado calamitoso a poco de su publicitada y engañosa inauguración.

La otra historia

Desde otra visión más productivista, la ruta provincial 5 es considerada una vía estratégica para Salta, no solo porque atraviesa la zona más importante de la provincia, desde el punto de vista agroganadero, sino que también es una ruta que conecta el norte y el sur salteño, sin la necesidad de cruzar por Jujuy. Como referencia inmediata y en el contexto de pandemia, se debe mencionar que esa ruta resultó la única alternativa para la conexión entre el norte y el resto de la provincia de Salta, cuando Jujuy impuso fuertes restricciones a la circulación por su territorio como consecuencia del coronavirus.

También partiendo desde el nodo de las rutas 50 y 34 en Pichanal, hacia el sudeste, la ruta 5 tiene un recorrido de 261 kilómetros hasta la localidad de Lumbreras, cerca de la nacional 9/34 que a su vez conecta con el resto del país.

Gran parte de este trayecto hoy se encuentra en un estado lamentable con la carpeta asfáltica seriamente dañada, sobre todo en el sector comprendido entre Lumbreras y Las Lajitas. A lo largo de su extensión se desarrollan complejos frigoríficos que concentran la producción ganadera de Anta y Rivadavia; puertos secos de acopio de granos y legumbres y un importante complejo productivo e industrial de jugo de limones de exportación.

El progreso y el desarrollo en esa zona es evidente, aunque el estado de la ruta hace difícil el tránsito de la producción y sumamente peligrosa la conducción para los automovilistas. Al momento de esta nota, cuadrillas de la Dirección de Vialidad de la Provincia trabajaban en la reparación de algunos tramos. los más comprometidos, pero es tal la cantidad de baches que es de esperar que los trabajos sean solo provisorios.

Los últimos trabajos de envergadura que se efectuaron sobre esa vía fueron en el año 2005, cuando la totalidad de la ruta fue repavimentada entre las localidades de Las Lajitas y Apolinario Saravia, a largo de 43 kilómetros.

Además, se construyó un nuevo puente de 48 metros sobre el arroyo Cabeza de Vaca, en el kilómetro 148, cerca de Saravia. El costo total de esa obra fue de unos $43 millones.

Posteriormente una obra gestionada en 2018 por la Provincia ante el Fondo Fiduciario Federal de Infraestructura Regional propuso la repavimentación de 60 kilómetros desde Lumbreras al norte, a un costo de 190 millones de pesos, pero solo se efectuaron reparaciones y parches que hoy se destruyen sistemáticamente.

Fuente: SALTA | http://www.eltribuno.info
Dos rutas destruidas y dos historias de corrupción y progreso

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