El carpe diem de Cristina Kirchner

En la Argentina hay más de 4000 villas de emergencia: barrios donde predomina el hacinamiento, con casas hechas de desechos, una carencia de los servicios públicos y una pésima, a veces nula, infraestructura. En la provincia de Buenos Aires son 1800, en el conurbano bonarense son 870. El 50% de estas villas de emergencia son posteriores al año 2001. El 25% de ellas son posteriores al año 2010. Esta es una línea numérica para percibir la historia social de la Argentina reciente. Somos una máquina de fabricar pobreza.En América Latina hay 90 millones de familias que viven en asentamientos que nosotros llamamos villas, que en Brasil llaman favelas, que en Lima llaman barrios nuevos. Allí es muy difícil que haya medidas de prevención como el aseo de las manos, el uso del alcohol en gel o la posibilidad de aislarse en distintos lugares de la casa.Desde el comienzo de la pandemia insistimos en este programa que el problema de la Argentina y de toda América latina iban a ser las villas de emergencia. Ahora, el problema está llegando progresivamente a estos barrios y está afectando a los argentinos que viven en esas condiciones, porque no hubo una estrategia enfocada en prevenirlo.Lo vimos en la ciudad de Buenos Aires donde hay más personas hacinadas porque se desarrollan las villas en altura. Allí la situación es más compleja porque hay más densidad, más gente por cantidad de terreno. En las villas del conurbano bonaerense cada casilla suele tener una entrada. En las villas de la ciudad las familias comparten algunos espacios.Llegó el problema a una villa de Quilmes y Avellaneda, la Villa Azul.Un barrio ubicado en el acceso sudeste, en una hondonada que permitió el asentamiento de muchas familias, que están, desde hace mucho tiempo, fuera de cualquier asistencia del Estado. En el barrio que está del lado de Quilmes viven alrededor de 3100 personas. El acceso los separa de la Villa Itatí, un asentamiento más grande que tiene aproximadamente 15 mil personas. Estos últimos días, conocimos que en Villa Azul hay un brote de coronavirus, con 84 casos confirmados oficialmente. En los barrios tienen dos tipos de tratamiento urbano: la parte de Avellaneda es más evolucionada que la parte de Quilmes, porque los gobiernos han tenido distinto énfasis en tratar la zona. Y, por supuesto, tampoco se han podido coordinar entre ellos, porque eso es matemática superior.En Villa Azul se conoció un caso, los vecinos descubrieron que esta persona no había cumplido con la cuarentena y pidieron a las autoridades que les hagan los test. Adentro de la villa se jugó un campeonato de fútbol, sin que nadie lo prohibiera, lo que puede haber dado lugar al contagio. El día sábado cortaron el acceso sudeste exigiendo estos chequeos y así lograron que se los hagan el domingo. Aún así, el gobierno de la provincia aclara que se vienen haciendo chequeos desde el jueves.Hay un efecto boomerang en la política porque muchos de los políticos que tienen que ver con la Villa Azul le hacían bullying al gobierno porteño por lo que pasaba en la Villa 31, cuando en realidad es una especie de festival macabro e irresponsable. Ningún político que viva en zonas donde hay mucha pobreza va a zafar de este problema, estamos condenados a tenerlo, sobre todo porque llegamos, como siempre, tarde. La pandemia comenzó hace tres meses, pero desde el primer día sabíamos que esto iba a suceder en los barrios más carentes.Se decidió aislar a la villa, rodearla policialmente, controlar los accesos. ¿Hay más asistencia médica adentro? Pareciera que no. La Provincia aclara que sí. La idea de aislar a uno de estos barrios -con tantas dificultades de distanciamiento social, de infraestructura y de higiene- era una idea tolerable cuando no había ningún contaminado adentro, porque se pensaba en beneficio de los que viven en ella.Ahora, lo que parece que sucedió es que se la aísla, y si no hay un tratamiento terapéutico sanitario muy intenso y rápido -tampoco sería tan difícil porque son 3000 mil personas las que residen allí- lo que estamos logrando es construir una especie de gueto donde quien tiene la desgracia en este momento de vivir ahí está sobreexpuesto al contagio.Quiere decir que esto se va a disparar. Lo que asombra es la siguiente paradoja: hubo un escándalo porque se abrieron las cárceles para que estas no se conviertan en recintos de contagio y ahora cerramos la villas y las convertimos en prisiones. Sin hablar e insinuar ninguna connotación ideológica en todo esto, pero es sorprendente que esta medida sea llevada a cabo por gente envuelta en la bandera de la izquierda. Es la discriminación llevada a la enésima potencia. Si las villas son en general gueto por muchísimas razones, hemos institucionalizado el gueto. Sin embargo, ahora hay un problema adicional: ¿cómo se las aísla?Porque en la Villa Azul hoy hay, dicen, más de 300 efectivos policiales por turno. Es decir, que si se contemplan los tres turnos son 1000. ¿Qué pasaría, entonces, si el problema de la Villa Azul se replica en otras barrios vulnerables del conurbano? Lo que deriva en una serie interrogantes: ¿cuánta gente dispone la policía para producir estos retenes que son parte de la estrategia para contener el problema? ¿cuánto se puede aislar un villa? ¿por cuánto tiempo se le puede pedir a la gente que no salga a hacer compras, si no hay dentro de villa Azul comercios?Justamente de la entrega de la comida se van a encargar los movimientos sociales porque el Estado no tiene capacidad de hacerlo. Esperemos que, como suele pasar, no se genere esta vez una pelea entre las distintas agrupaciones para ver quién realiza la tarea clientelar. Estamos frente a las miserias del Estado, en un país que fabrica pobres. Todo en el marco de una cuarentena que se extiende indefinidamente y que más castiga al que menos tiene. ¿Por qué? Porque esas personas son quienes están en peores condiciones para quedarse en sus "casas", aunque muchas veces no se las pueda distinguir como tales. Se trata de quienes menos posibilidades tienen de haber ahorrado para prescindir de un salario, aunque en la mayoría de los casos no hablamos de un sueldo, sino más bien de una ganancia del día. Los chicos de esos barrios a gatas tienen una computadora para asistir a las clases online, y por supuesto no hay más de una, como sí pasa en las familias de clase media o alta. La falta de escolaridad castiga más donde más se necesita. El costado más doloroso de la cuarentena es que castiga especialmente a los más vulnerables.Es importante entonces recordar la ley primera de este Gobierno, en relación a la solidaridad social y el discurso que la envolvía. Es llamativo que en sus presentaciones públicas Alberto Fernández ponga tan poco énfasis en esta cuestión, poniendo esta política sanitaria por sobre lo que aparentemente es un frío problema de la economía. Sin embargo, ahora estamos viendo qué es lo que sucede cuando la economía se derrumba por efecto de una cuarentena que se prolonga de manera muy estricta mucho tiempo.Esta es la razón del debate que hasta el mismo Axel Kicillof admite, como lo hizo ayer en una entrevista con Luis Majul en LN+, donde señaló que hay que tener un equilibrio entre la política sanitaria que cuida y preserva la salud frente a la pandemia, y la política económica, que puede hundir a la gente más vulnerable en otros dramas. Este es el equilibrio que estaría faltando, el mismo que reclama el propio gobernador bonaerense. La caída económica en la Argentina es pavorosa, los números que se conocieron las semana pasada son muy llamativos. Estamos hablando de que en el trimestre si anualizamos la caída estaríamos hablando de una cifra del 17,8%.Si tomamos marzo, según el estimador mensual de actividad económica que se conoció la semana pasada, durante ese mes hubo una caída de 9,8% en la actividad económica. Sin embargo, marzo no fue todo cuarentena, ya que el aislamiento empezó el 19 de ese mes. Entonces, si los días en que no hubo aislamiento ya se evidenciaba una caída con la tendencia normal que era aproximadamente del 0.6%, para que todo el mes de marzo registre una caída de 9,8 hay que pensar en que en los doce días de marzo en que hubo cuarentena el derrumbe de la actividad fue del 25%. Es un 2001 completo. De eso estamos hablando.El mismo Alberto Fernández lo admite por momentos sin darse cuenta. Pero remite el problema habitualmente a los Estados Unidos donde señala que hubo una destrucción de empleo de aproximadamente 20 millones de puestos de trabajo. Si bien es cierto que en Estados Unidos se evidencia una destrucción de empleo, no ocurre lo mismo con los ingresos, porque cada persona que pierde el trabajo recibe inmediatamente por correo una cheque de 1300 dólares. Muchas veces se trata de una compensación superior al salario habitual que cobraba. Es decir que mejora su ingreso con la ayuda del Estado.En la Argentina, en cambio, el Estado paga el 50% del salario de las empresas que se presentan a reclamar esa ayuda. Y no todas lo reciben. En el caso de los informales, según comentó el mismo Presidente, la ayuda prevista sólo llegó al 55% del total del universo que necesita la asistencia. En otras palabras, hay un 45% de trabajadores informales que no reciben esa ayuda del Ingreso Familiar Complementario (IFE).Alberto Fernández brindó otros datos también este sábado durante la conferencia de prensa. Mirando a Horacio Rodríguez Larreta dijo: "Abrieron algunos comercios en la ciudad de Buenos Aires, y los que lo hicieron muchos de ellos confiesan haber vendido el 30% de lo que vendían habitualmente fuera de la cuarentena". ¿Por qué? Lo explicó el mismo Presidente. Porque la gente ya no tiene recursos para ir a comprar.Este panorama requeriría de una estrategia económica, de que alguien explique cuál es la economía en la que se sostiene la cuarentena. No es que el aislamiento sea malo en sí mismo, pero debería tener cierta racionalidad económica porque sino es inviable. ¿Qué quiere decir inviable? Que la gente va a empezar a desobedecer la cuarentena. Si no basta con mirar lo que pasó hoy en Córdoba que tuvo a lo largo del día manifestaciones públicas tumultuosas, por un problema con médicos que fueron sancionados porque se los acusa de haber contagiado a unos ancianos en unos geriátricos. Allí se rompió la cuarentena.Para usar una palabra que le gusta al ministro Martín Guzmán, el problema es la sustentabilidad, y este es un problema porque la cuarentena no solamente afecta a las finanzas familiares, sino a las finanzas del Estado. Hoy hay una caída brutal de la recaudación que se compensa con una emisión monetaria de 300 mil millones de pesos por mes, que no sabemos cómo se va a reabsorber.Esa masa de dinero que se inyecta en la economía es la que explica la brecha cambiaria, porque todos vemos que el peso se está destruyendo y empieza a haber la expectativa de una devaluación. El Gobierno reacciona frente a esto con más y más controles. Acaba de poner nuevos controles sobre las operaciones de contado con liquidación. Se ponen controles pero la usina del problema sigue activa. Los controles no sirven para nada. La usina del problema es que el que recibe pesos no sabe qué hacer con ellos, ya que el mismo Gobierno le pide a los bancos que bajen la tasa de interés, es decir, que no remuneren al ahorrista. Y si voy a comprar títulos en pesos, corro el riesgo de que el Gobierno me los reperfile. Por un lado el Gobierno está muy inquieto con la brecha cambiaria, preocupación principal desde siempre de Cristina Kirchner que ya durante su mandato vivió obsesionada por la diferencia entre el dólar oficial y el paralelo más allá de todo cepo. Esa brecha cambiaria, en el fondo, si uno revisa el túnel que vincula distintos problemas económicos, lleva a la cuarentena. La cuarentena produce una caída en la economía en general, privada y estatal, que demanda un nivel de emisión que deteriora el peso, hace presumir una devaluación e induce a la gente a comprar dólares, con todas las patologías que se encierran en una brecha que prácticamente es del 100%.

Fuente: POLÍTICA | https://www.lanacion.com.ar/
El carpe diem de Cristina Kirchner

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