Los comedores cierran las puertas o dan de comer por la ventana

La situación en los comedores comunitarios es angustiante. Los que no tuvieron que cerrar por la falta de mercadería, subsisten como pueden. Sin embargo, saben que el final puede estar muy cerca. Si se prolonga el aislamiento obligatorio por la pandemia de coronavirus y no reciben alguna ayuda estatal, su fecha de caducidad está marcada: será esta semana o la próxima. No creen que puedan aguantar más.

El principal problema que están teniendo las mujeres que dirigen a pulmón los comedores o merenderos es que no pueden circular libremente. Muchas de ellas salían a buscar donaciones que les daban. Un gran proveedor era también el mercado Crofruthos, pero con la nueva disposición de que solo se atiende a comerciantes, conseguir verduras se convirtió en algo imposible.

La situación económica para estas organizaciones ya era complicada y la pandemia golpea de lleno, justo en el medio del corazón. La mayoría de las familias que ayudaban a los comedores o merenderos porque sus hijos asistían, vieron restringidos sus ingresos de un día para otro. La precariedad laboral y la informalidad está calando hondo en aquellas personas que viven de «changas.

En algunos comedores la situación es crítica. Tuvieron que cerrar y dejaron así a cientos de niños sin su alimento diario. Y quizás, en esta situación de crisis, sea el único que tienen. Entre los que la siguen peleando está el Comedor por una Sonrisa, que está a cargo de Cristina Mamaní, una guerrera dispuesta a soportar hasta el último.

La pandemia afectó la forma en que funcionaba. De atender a 200 niños pasó a 60, que no pueden asistir al comedor pero reciben una vianda que les entregan por la ventana. Eso también duele, Cristina no puede estar con sus chicos. Es casi como un servicio de comida rápida. Los niños llegan, se acercan a la ventana, les llenan su tupper y se retiran.

«Estamos acorralados en todo sentido», expresa Cristina Mamaní, con lágrimas en su rostro. «Estamos trabajando, con las mamis del barrio manteniendo las recomendaciones de higiene: con barbijo y guantes». El comedor no abastece a más personas por la escasez de alimentos.

El decreto presidencial que llama al aislamiento social la «pilló de improviso». «Como no tengo ayuda del Gobierno, tengo mi depósito vacío», expresó la mujer.

Por ahora, rendirse no está en sus planes. Cristina no quiere bajar los brazos pero sabe que, si la situación se agrava, es muy probable que lo tenga que hacer. «Hoy le tengo que decir a muchos que no les puedo dar un plato de comida. Yo pedía en Cofruthos y hoy no lo puedo hacer», detalló.

Cristina se siente «atada», cree que la «han abandonado totalmente», a ella y a sus «hijos del corazón». Les recrimina a las autoridades que nadie se acercó para preguntarles si pueden dar un plato de comida o no. Hace 12 años que ayuda en el barrio Primera Junta, sin embargo, por ahora es invisible, como la enfermedad.

Julia Figueroa, del merendero «Corazoncito feliz», tuvo que cerrar sus puertas por la crisis sanitaria. Ya no está atendiendo por falta de insumos. «Ya di lo poco que me quedaba, lo fraccioné y se lo di a cada familia esta semana. Ya no me queda más mercadería para seguir, desde Desarrollo Social nos dijeron que nos iban a dar mercadería, pero no nos dieron nada, así que se suspendió el merendero», expresó.

En diciembre, le habían llevado provisiones para que pueda abrir sus puertas durante el verano, así que la semana pasada, donó lo último que le quedaba. «En el último tiempo, se han ido aumentando chicos, porque algunos merenderos de la zona habían cerrados. Tenía 32 para la merienda», detalló.

Judith Banda está al frente del comedor Mamis en Acción. Esta semana tuvo que paralizar el comedor por falta de verduras. «Como íbamos a buscar al Cofruthos y ahora le están vendiendo solo a los comercios, no se está pudiendo abrir el comedor que abastecía a muchas personas del barrio. Las chicas me dijeron que iban a seguir viniendo para cocinar, pero no se pudo seguir», relató.

Día a día, pasaban casi 300 chicos a los que se les daba el almuerzo en Ampliación 20 de Junio. Las mamás del barrio están preocupadas porque la economía en sus familias también está complicada. Ellas trabajan en negro y lo que pueden obtener es día a día.

El comedor funcionó hasta el jueves de la semana pasada. «Teníamos donaciones particulares. Las madres tenemos un grupo de WhatsApp y nos preguntan si vamos a dar comida. Estamos con la esperanza de que se pueda solucionar todo esto y salir adelante», finalizó.

Módulos y viandas

El coordinador general del Ministerio de Desarrollo Social, Ignacio González, aseguró que 135 mil alumnos están recibiendo alimentos de comedores escolares, por medio de viandas o módulos alimentarios.
Además, expresó que 3.200 chicos continúan recibiendo alimentos en viandas por parte de los comedores que dependen del Gobierno provincial y están distribuidos en distintos municipios. 
Además, están vigentes en la provincia 55.000 Tarjetas Alimentar que tuvieron el monto correspondiente del mes de marzo el viernes. También hay 87.508 beneficiarios de programas alimentarios provinciales que recibieron su acreditación la semana pasada.
 



Fuente: SALTA | http://www.eltribuno.info
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