Los políticos de raza, al rescate de los candidatos taquilleros - El Portal de Salta

Los políticos de raza, al rescate de los candidatos taquilleros

¿Dónde habita la esperanza entre dos miedos? Macri y Cristina corren ambos el riesgo de la derrota. Ya las encuestas no dan muchos datos concretos, el humor social es «malhumor» y eso no es fácil de convertir en porcentajes.Macri, asesorado por un experto en convicciones pasajeras, decidió dar por terminado el ciclo peronista. Parece que nada era tan fácil, tuvieron que archivar a los guerreros y convocar extrapartidarios. La imagen de Pichetto les impone el olor a retorno de la política, de eso que les parecía «parte del pasado superado». Todavía no sabemos hasta donde están dispuestos a asumir ese cambio; lo cierto es que necesitan de los gobernadores y los sindicatos, aceptar que Macri y su partido fueron un peso negativo en toda la campaña y que, hasta la Gobernadora pierde diez puntos en el momento de disfrutar de su graciosa compañía.Como «gorila» Macri fue un fracaso, ahora intenta la versión «dialoguista», aunque en rigor convoca a alguien para que se ocupe de lo que ignora. En los primeros dos años prometían triunfos, segundos semestres y brotes verdes; ahora a los cuatro, no saben cómo sigue su vigencia.Cristina por su parte también tuvo que asumir que los fanáticos son ideales para el aplauso pero peligrosos para la compulsa electoral. Buscó un crítico a su política y, hasta el momento, no queda claro si lo dejan ser amplio o lo prefieren agresivo. Alberto no tiene nada que ver con una marioneta, esa imagen se reiteró en exceso hasta que algunos llamaron la atención sobre su falsedad. Lo de Cristina no es una cortina de humo, implica sin lugar a dudas una retirada. Alberto es un hombre del poder, formado al lado de Néstor, no suele preguntar antes de actuar.No hay duda que La Cámpora es mucho lo que espanta y muy poco lo que aporta. Los «piantavotos» suelen disfrazarse de principistas, de vanguardia, de revolucionarios, pero apenas terminan siendo siempre un instrumento del enemigo. Mencionar a Venezuela es solo una manera de asustar al votante. Alberto necesita mostrar que será dueño del poder y que lejos está de ser un provocador. Y Pichetto debe imponer su visión del dialogo por encima de Marcos Peña y Duran Barba. Ambos candidatos necesitan e intentan cambiar, ambos validar sus cualidades de cambio, por ahora pareciera que ninguno de los dos lo logra.Y las encuestas son más rentables para sus gestores que verdades para sus consumidores. Y apareció la «encuesta consuelo», esa que después de errarle por un diez te asegura terminar vencedor por uno y medio. Y las denuncias, que prometen al ganador la justiciera cárcel para el derrotado. Todo muy accesible, con solo cambiar de canal se altera el rostro del condenado. Para todos los gustos, para todos los odios.Los que tienen la vida resuelta le temen al caos de los revolucionarios de café, los asalariados no saben a qué nivel de la angustia los va a someter el poder de los bancos y las privatizadas. Los ricos temen el caos, los pobres huyen de la miseria, los que pretendemos dudar asumimos con dolor la agonía del espacio del medio. La grieta ya se impuso, la noticia es definitiva, nadie sabe con certeza cuál puede ser el resultado.Ambos bandos están convencidos del fracaso del otro; ambos bandos ocultan la duda que los carcome y termina siendo lo más humano y rescatable del proceso. Nadie se atreve a proponer el acercamiento entre las partes, falta grandeza para semejante acto de humildad. La soberbia de los necios nos arrastra a una inalterable decadencia. Todos tienen claro que «la culpa la tuvo el otro» -de eso no se duda- porque es parte de la demencia que arrastra a toda decadencia. La cordura nos queda lejos, nos queda grande.Alberto necesita demostrar que va a gobernar más allá de los alaridos de los imberbes; Pichetto, que los enemigos de la política que expulsaron a sus congéneres van a poder soportar la necesaria presencia de su saber. Dos políticos de raza convocados por un presidente empresario y una líder de tumultuosas minorías. Los extremos de la grieta asumieron la debilidad de sus propuestas, aflojaron ambos pero Cristina jugó más: la soberbia de Macri le impidió hasta permitir que la Gobernadora gane sola. En las elecciones normales se debate quién convoca más, en las nuestras tan solo quien espanta menos.

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Fuente: ARGENTINA | https://www.infobae.com
Los políticos de raza, al rescate de los candidatos taquilleros

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