Por qué es equivocado pedirle a Francisco que condene el régimen de Maduro - El Portal de Salta

Por qué es equivocado pedirle a Francisco que condene el régimen de Maduro

El papa Francisco y Nicolás MaduroEn el 73, cuando sucedió el golpe contra Salvador Allende en Chile, el consejo deliberante de la capital emitió una condena pública. Miguel Unamuno presidía el organismo. El general Juan D. Perón los convocó para preguntarles cuál era su función. Y les aclaró: lo de ustedes es el ABL, alumbrado, barrido y limpieza, de las relaciones exteriores me ocupo yo. Unamuno contaba la anécdota con humor, Perón de sobra condenaba ese golpe tanto como sabía que esa amenaza lo incluía, pero ocupaba su lugar de presidente, desde el cual su función era otra.Viene a cuento esta historia en relación con el Santo Padre con Venezuela y Cuba. Es una maravilla del absurdo que supuestos demócratas que se cansan de opinar sobre la no participación de la Iglesia en la política se amontonen para explicar la obligación de condenar a esos regímenes. Más imbécil aún los que imaginan que los ateos adoradores del becerro de oro estuvieran en condiciones de dar cátedra de justicia y libertad. En un mundo donde las riquezas se concentran y la pobreza expande su miseria, en ese mundo estos muchachos lavan sus conciencias condenando a Nicolás Maduro y a Cuba.Nadie ignora la realidad de Venezuela, es tan unánime la condena que a veces uno teme que algunos lo hagan pensando en los ciudadanos, mientras los otros se sienten limitados en los negocios. La Iglesia de Roma no debe actuar en paralelo a la de Venezuela, y eso no implica cisma sino tan solo la obligación de cumplir cada uno su tarea. El Papa ocupa en la humanidad un lugar demasiado superior y complejo para la interpretación de algunos cerebros lineales. Es necesario tener en cuenta que la Iglesia enfrenta a la par sus debilidades interiores con su lugar en el mundo. El ateísmo es la religión de los negocios, del consumismo, de los grandes grupos concentrados, la anomia imprescindible para esta nueva etapa de degradación del ser humano. La masonería y el horóscopo junto con la adoración a la mascota intentan definir la modernidad. Sin patria y sin dios terminaremos habitando “La Caverna” de Saramago.Depositar todo el mal en el otro puede servir para liberar culpas, pero no para comprender la realidad. El liberalismo que se imaginaba el único gestor del progreso debe asombrarse y a veces asustarse ante los logros de China. El progresismo laico y libertario, con pretensiones de universal, está apabullado por Trump y Bolsonaro, y mencionan poco al tercer mosquetero, el agresivo Netanyahu, no sea que los acusen de antisemitas. Y condenan a diestra y siniestra como si al hacerlo liberaran sus conciencias de la incomprensión que los aterra.La asociación de ateos agresivos y sectarios, y un poquito fascistas, mediocres con plata que se imaginan con derechos de dar cátedra para expandir su pequeñez, esos que jamás dirán nada de China aplastando al Tíbet ni siquiera cuando amenaza a Taiwán, con los grandes no se jode. Esos muchachos le intentan explicar al Papa, al que como a todo lo que no comprenden no respetan, cuál debe ser su accionar.He perdido viejos amigos por culpa del fanatismo autoritario de los Kirchner, algún amigo y varios conocidos se alejaron cuando comencé a criticar a Mauricio Macri, y varios conocidos dejaron de respetarme cuando defendí al Santo Padre. Qué alejados estamos de la grandeza de aquel que dijo: “No comparto tu opinión pero daría mi vida por defender tu derecho a expresarla”, y del otro sabio de la misma nacionalidad que expresó: “Debería existir el partido de los que no están seguros de tener razón, sería el mío”. Adhiero a ese pensamiento hoy más necesario en su vigencia que nunca, ese es el verdadero liberalismo. El de los negocios y los mercados es tan solo su usurpación por la codicia de la mediocridad.Y alguno dijo: “La religión es el opio de los pueblos”, y otro de la misma jauría: “Cuántas divisiones tiene el Papa”. El marxismo pasó de moda y la fe de la humanidad sigue más vigente que nunca. Uno puede ser ateo o creyente, lo que no tiene es derecho a sentirse superior, sea cual fuere su convicción.Los que apoyan a Macri por odio o miedo a Cristina, como los que apoyan a Cristina por odio a Macri, ambos arrastran la impotencia de la crítica, cultivan el resentimiento por encima de la esperanza. Contra el odio no hay antídoto, solo asumir que su vigencia es el fracaso de la razón. Cuando podamos aplaudir los aciertos y cuestionar los errores más allá de si nos gusta o no quien gobierna, cuando arribemos a esas playas, estaremos en condiciones de disfrutar la democracia. Por ahora todavía nos falta bastante.

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Fuente: ARGENTINA | https://www.infobae.com
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